Si hay algo que sorprende a quienes llegan a Islandia por primera vez, además de los paisajes de otro planeta, es su cocina. Entre platos tradicionales que hunden sus raíces en siglos de supervivencia en una isla remota y una escena gastronómica moderna que ha explotado en la última década, comer en Islandia puede ser tan aventurero como cualquier excursión por un glaciar. Aquí va nuestra guía sincera: qué merece la pena probar, qué podéis dejar pasar sin remordimientos, y dónde encontrarlo.
Lo que sí: los imprescindibles
El skyr es el gran embajador de la cocina islandesa fuera de sus fronteras, y con razón. Aunque parece un yogur, en realidad es un queso fresco cremoso, muy alto en proteínas y bajísimo en grasa. Se toma solo, con frutos rojos o como base de postres. Lo encontraréis en cualquier supermercado, pero también en versiones artesanales en granjas que abrís al público, como veréis en el Círculo Dorado privado con almuerzo en la granja Friðheimar y cráter Kerið (2.506,30 €, 8 horas), donde además de recorrer el Círculo Dorado clásico, comeréis en un invernadero de tomates que es toda una experiencia sensorial.
El cordero islandés es otra apuesta segura. Al pastar en libertad entre hierbas silvestres, tiene un sabor limpio y particular que lo distingue de cualquier cordero que hayáis probado en España. Se sirve asado, en guiso (el clásico kjötsúpa) o ahumado. Si viajáis en un tour de día completo como el Tour por la costa sur: Privado y personalizable (1.520 €, 10 horas), es habitual parar en algún restaurante de pueblo donde el cordero es la estrella indiscutible del menú.
El pescado fresco es, sin duda, otro de los grandes tesoros culinarios de la isla. El bacalao, el fletán y el arenque en escabeche aparecen en todas sus formas: a la plancha, en sopa, ahumado o marinado. En cualquier pueblo costero encontraréis versiones honestas y sin pretensiones, cocinadas por gente que lleva generaciones pescando esas mismas aguas. Durante un recorrido por Snæfellsnes, como el Snæfellsnes en español con almuerzo en una granja Minibús (187 €, 12 horas), es fácil toparse con marisquerías familiares que sirven sopa de pescado casera, un clásico reconfortante tras horas explorando acantilados y playas de lava.
Y no podemos dejar de mencionar los bollos de canela y el kleina (una especie de rosquilla frita), perfectos para acompañar un café en cualquier parada de carretera. Islandia tiene una cultura de repostería casera sorprendentemente rica, herencia de los largos inviernos en los que hornear era casi un ritual comunitario.
Lo que puedes esquivar (si no eres de paladar aventurero)
Aquí llega la parte que todo el mundo pregunta: ¿y el hákarl? Este tiburón de Groenlandia fermentado y secado durante meses tiene un olor a amoniaco que puede tumbar a cualquiera que no esté avisado. Tradicionalmente se toma en pequeños trozos, acompañado de un trago de brennivín (el aguardiente local, apodado «la muerte negra»). Nuestra recomendación: probadlo una vez, por la anécdota, pero no vayáis con expectativas altas. Es más una experiencia cultural que un manjar.
Algo similar ocurre con la cabeza de oveja hervida (svið), un plato que todavía se sirve en algunas fiestas tradicionales de invierno, o el svartfugl (aves marinas en conserva), de sabor muy fuerte. Son platos históricos, ligados a épocas de escasez en las que se aprovechaba cada parte del animal, pero hoy en día son más una curiosidad gastronómica que algo que un viajero deba buscar activamente.
Dónde vivir la gastronomía de verdad
La mejor forma de entender la comida islandesa es viéndola en su contexto: en granjas, pueblos de pescadores y paisajes que explican por qué se cocina así. El Recorrido por el Círculo de Diamantes con cascadas desde Akureyri (280 €, 8,3 horas) combina naturaleza del norte con paradas en negocios locales donde se puede probar producto de la zona, mientras que el Stuðlagil Canyon Express & Vök Baths (288,98 €, 6 horas) os llevará por el este de Islandia, una región menos transitada donde la cocina de granja sigue siendo el día a día de muchas familias.
Para quienes prefieren una experiencia más íntima, el Tour Privado en Super Jeep en Thórsmörk desde Reikiavik (1.471,67 €, 8 horas) suele incluir tiempo en zonas rurales donde el contacto con productores locales es mucho más cercano que en las rutas turísticas masificadas.
Nuestro consejo final
Comer en Islandia es una forma más de conocer el país: su historia de aislamiento, su relación con el mar y la tierra, y su capacidad de reinventarse con una gastronomía moderna que hoy compite con las mejores de Europa. Anímate a probar de todo, incluso lo raro, sin sentirte obligado a repetir aquello que no te convenza. Y si quieres combinar paisajes espectaculares con paradas gastronómicas auténticas, explora nuestros tours por Islandia y empieza a planificar tu propia ruta de sabores.
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