La estación que muchos viajeros se pierden
Si le preguntas a un islandés cuál es su época favorita del año, es muy probable que te sorprenda con una respuesta poco turística: la primavera. Entre marzo y mayo, cuando la nieve del invierno empieza a derretirse y el sol regresa poco a poco con más horas de luz cada día, Islandia se transforma en un paisaje de contrastes brutales. Los ríos, alimentados por el deshielo, bajan con una fuerza que no volverás a ver en verano. Y lo mejor de todo: los grupos de turistas de temporada alta todavía no han llegado.
Como estamos a principios de septiembre, todavía queda un buen margen —unos seis meses— antes de que llegue esta ventana primaveral. Es el momento perfecto para ir planificando con calma, sin prisas ni estrés de última hora, eligiendo con tranquilidad los tours y las fechas que mejor encajen con vuestro viaje.
Cascadas en su versión más salvaje
Si hay un motivo de peso para elegir la primavera, son las cascadas. El deshielo de las nieves acumuladas durante el invierno convierte cada salto de agua en un espectáculo de una potencia difícil de describir con palabras. Una de las joyas menos conocidas —y por eso mismo más especial— es Dynjandi, la gran cascada de los Fiordos del Oeste. Con el tour Cascada privada de Dynjandi y fiordos históricos del oeste – Ísafjörður (5 horas, desde 707 €), tendrás la oportunidad de contemplarla en su momento más caudaloso, rodeado de fiordos remotos donde apenas se cruza un coche. Es una experiencia privada, así que el ritmo lo marcáis vosotros: parar a fotografiar, respirar el aire frío de la montaña o simplemente quedaros en silencio observando cómo el agua se despeña en cascada sobre la roca.
Si preferís quedaros más cerca de Reikiavik, el Círculo Dorado también luce distinto en primavera. Gullfoss, la cascada más famosa de la ruta, arrastra en estos meses un volumen de agua espectacular. El Tour Privado por el Círculo Dorado en Guía Multilingüe (9 horas, desde 645 €) os permite recorrer Þingvellir, el área geotérmica de Geysir y Gullfoss con un guía a vuestra disposición, sin las aglomeraciones que suele haber en julio y agosto.
Menos gente, más Islandia para vosotros
Uno de los grandes secretos de viajar en primavera es la sensación de tener el país casi para vosotros solos. Los aparcamientos de las atracciones más populares están medio vacíos, las carreteras circulan con fluidez y hasta en los lugares emblemáticos se respira una calma que en temporada alta es impensable. La excursión de un día a las Cataratas del Géiser y la Laguna Azul desde Reikiavik (7 horas, desde 476 €) es un ejemplo perfecto: en primavera podréis disfrutar de la laguna termal con menos bañistas alrededor, algo que se agradece especialmente después de una caminata entre paisajes todavía tocados por la nieve residual.
Para quienes buscan algo más activo, la Caminata por Reykjadalur (tour privado, 5 horas, desde 730 €) es una de las excursiones más gratificantes de la temporada. El valle del río caliente, a poco más de una hora de la capital, ofrece la posibilidad de bañarse en aguas termales naturales rodeados de laderas todavía cubiertas de parches de nieve derretida, con el sonido del agua fluyendo por todas partes. Es una experiencia distinta a la del verano, cuando el valle se llena de visitantes.
Volcanes y geotermia bajo una luz distinta
La primavera también es una temporada estupenda para explorar la Península de Reykjanes, ese paisaje lunar de fisuras volcánicas y campos de lava que ha sido protagonista de las erupciones más recientes del país. El Tour privado geotérmico y volcánico en coche en Reykjanes (4 horas, desde 2.398 €) recorre este territorio moldeado por la actividad tectónica, con la ventaja añadida de una luz primaveral más suave que favorece la fotografía y permite apreciar mejor los matices de color del terreno volcánico.
Empieza a planificar sin prisa
Todavía tenéis meses por delante para preparar este viaje, así que aprovechad para investigar con calma, comparar itinerarios y reservar los tours que más os llamen la atención sin agobios de última hora. La primavera islandesa recompensa a quien se atreve a salir de las fechas más populares: cascadas desbordantes, fiordos casi desiertos y una luz que cambia hora a hora. Si os apetece una Islandia distinta, más silenciosa y con la naturaleza en pleno despertar, este es el momento de empezar a diseñar vuestra ruta.